20 de abril de 2013

CINCO RELATOS APOCALÍTICOS

CINCO RELATOS APOCALÍTICOS
José Vicente Ortuño

REGÉNESIS

El Hacedor de Universos miró su obra. No le gustaba. Demasiado caos. Demasiadas cosas dejadas al azar. El azar no era bueno, generaba resultados inesperados. Incluso los pocos seres vivos que se habían desarrollado se creían imbuidos de libre albedrío, lo que provocaba un comportamiento desordenado y violento.
Tendría que rehacerlo. Tomó un armagenizador del número quince de su caja de herramientas, lo introdujo en la cubeta donde flotaba el universo. Accionó el interruptor y lo agitó hasta dejarlo batido, mezclado, homogeneizado y pasteurizado. Añadió nuevos componentes: un poco de esto, una pizca de eso otro y lo agitó un poco más.
Tomó entonces el compactador y lo hizo funcionar sobre la masa, que comenzaba a burbujear, hasta que todo quedó reducido a una esfera oscura. Sonrió satisfecho y le escupió al huevo primigenio, hubo un destello en la cubeta y todo volvió a empezar.


APOCALIPSIS MODERNO

No hubo granizo de sangre y fuego que quemasen la tercera parte de la vegetación, porque ya había ardido hacía tiempo.
La caída de la montaña en llamas no convirtió los océanos en sangre, porque estaban llenos de petróleo y basura.
La estrella que cayó no destruyó la tercera parte de los ríos, porque la contaminación y el cambio climático los habían secado.
No hizo falta que se abriese un abismo en la tierra y brotasen terroríficas langostas para rematar la masacre, porque las guerras habían eliminado todo vestigio de vida sobre la Tierra.
El Cordero degollado, con siete ojos y siete cuernos, lloró por el planeta asolado y la inutilidad de su propia existencia.


RECOMPENSA

Los ciento cuarenta y cuatro mil Elegidos caminaban tras el Cordero degollado, con siete cuernos y siete ojos.
—¿Qué va a pasar ahora, Señor? —preguntó un tipo con cara de listillo.
—Como Elegidos que sois —dijo el Cordero, intentando enfocar los siete ojos sobre el bienaventurado—, os corresponde la recompensa por haber sido buenos y fieles.
—¿Cuál será Señor? —preguntó otro—. ¿Recibiremos alas de ángel, nos sentaremos a tu diestra y cantaremos alabanzas durante toda la eternidad?
—No, hijos míos —respondió el Cordero, sujetándose la cornamenta, mareado por mirar con siete ojos a la vez—, recibiréis lo habitual en estos casos, un fin de semana en Benidorm con los gastos pagados.


EL BUNKER

Hipólito Hipocondrio había estudiado el libro de las Revelaciones durante toda su vida, lo que le permitió calcular el día del Armagedón.
Construyó un bunker hermético, capaz de resistir una deflagración nuclear de un millón de megatones. En el interior acumuló agua, provisiones y equipamiento que le permitirían sobrevivir durante años.
Antes del día previsto se encerró en su refugio. Horas después sintió los temblores de la hecatombe. El bunker resistió.
Pasados unos meses, cansado de la soledad y la incertidumbre, quiso salir al exterior. Sin embargo, algo había atascado la puerta y no consiguió abrirla. Su curiosidad quedó frustrada, pero se sintió satisfecho de haber construido la tumba perfecta.


RETRASADO

El día del Armagedón el Cordero degollado, con siete cuernos y siete ojos, rompió los siete sellos. Los ciento cuarenta y cuatro mil elegidos fueron llamados y acudieron felices a tan esperada cita. Siete ángeles hicieron sonar sus trompetas celestiales a pleno pulmón hasta acabar exhaustos. Y la Ira Divina derramó sobre la Tierra miles de terribles plagas, que acabaron con todo bicho viviente.
Sin embargo, Benito Peláez, que siempre llegaba tarde a todas partes, para no variar también lo hizo al Apocalipsis. Así fue como, además de perderse el espectáculo, se quedó solo en sobre la Tierra. Pero lo peor fue que al día siguiente le tocó limpiar los desperdicios de la “fiesta”.

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