21 de diciembre de 2012

ESPECIAL FIN DEL MUNDO, O ALGO ASÍ

Querido/a lector/a, si estás leyendo esto es que el fin del mundo programado para las 12:11 a.m. de hoy ha fallado, como nos fallan tantas cosas últimamente. Pero no hay que perder la ilusión, que el día menos pensado —problablemente un viernes en el consejo de ministros—, el gobierno decretará el fin del mundo y nos joderá una vez más, porque también nos tocará pagarlo, como todas las tropelías que están cometiendo. Mientras tanto, tomémosnos las cosas con un poco de sentido del humor, que eso no nos lo podrán quitar —todavía—, para eso os dejo seis de mis relatos breves y apocalípticos. Que la paciencia nos acompañe.

José Vicente Ortuño

EL RETRASADO

 
 El día del Armagedón el Cordero degollado, con siete cuernos y siete ojos, rompió los siete sellos. Los ciento cuarenta y cuatro mil elegidos fueron llamados y acudieron felices a tan esperada cita. Siete ángeles hicieron sonar sus trompetas celestiales a pleno pulmón hasta acabar exhaustos. Y la Ira Divina derramó sobre la Tierra miles de terribles plagas, que acabaron con todo bicho viviente.
Sin embargo, Benito Peláez, que siempre llegaba tarde a todas partes, para no variar también lo hizo al Apocalipsis. Así fue como, además de perderse el espectáculo, se quedó solo sobre la Tierra. Pero lo peor fue que al día siguiente le tocó limpiar los desperdicios de la “fiesta”.


EL BUNKER

Hipólito Hipocondrio había dedicado su vida a estudiar el libro de las Revelaciones, las Profecías de Nostradamus y el Calendario Maya, lo que le permitió calcular el día del Armagedón.
Construyó un bunker hermético, capaz de resistir una deflagración nuclear de un millón de megatones. En el interior acumuló agua, provisiones y equipamiento que le permitirían sobrevivir durante años.
Antes del día previsto se encerró en su refugio. Horas después sintió los temblores de la hecatombe. El bunker resistió.
Pasados unos meses, cansado de la soledad y la incertidumbre, quiso salir al exterior. Sin embargo, algo había atascado la puerta y no consiguió abrirla. Su curiosidad quedó frustrada, pero se sintió satisfecho de haber construido la tumba perfecta.

LA RECOMPENSA

Los ciento cuarenta y cuatro mil Elegidos caminaban tras el Cordero degollado, con siete cuernos y siete ojos.
—¿Qué va a pasar ahora, Señor? —preguntó un tipo con cara de listillo.
—Como Elegidos que sois —dijo el Cordero, intentando enfocar los siete ojos sobre el bienaventurado—, os corresponde la recompensa por haber sido buenos y fieles.
—¿Cuál será Señor? —preguntó otro—. ¿Recibiremos alas de ángel, nos sentaremos a tu diestra y cantaremos alabanzas durante toda la eternidad?
—No, hijos míos —respondió el Cordero, sujetándose la cornamenta, mareado por mirar con siete ojos a la vez—, recibiréis lo habitual en estos casos, un fin de semana en Benidorm con los gastos pagados.


APOCALIPSIS MODERNO

No hubo granizo de sangre y fuego que quemase la tercera parte de la vegetación, porque, verano tras verano, los pirómanos se habían encargado de quemarla.
La caída de la montaña en llamas no convirtió los océanos en sangre, porque estaban llenos de petróleo y basura.
La estrella que cayó no destruyó la tercera parte de los ríos, porque la contaminación y el cambio climático los había secado.
No hizo falta que se abriese un abismo en la tierra y brotasen terroríficas langostas para rematar la masacre, porque las guerras y las pandemias habían eliminado todo vestigio de vida sobre la Tierra.
El Cordero degollado, con siete ojos y siete cuernos, lloró por el planeta asolado y la inutilidad de su propia existencia.


REGÉNESIS

El Hacedor de Universos miró su obra. No le gustaba. Demasiado caos. Demasiadas cosas dejadas al azar. El azar no era bueno, generaba resultados inesperados. Incluso los pocos seres vivos que se habían desarrollado se creían imbuidos de libre albedrío, lo que provocaba un comportamiento desordenado y violento.
Tendría que rehacerlo. Tomó un armagenizador del número quince de su caja de herramientas, lo introdujo en la cubeta donde flotaba el universo. Accionó el interruptor y lo agitó hasta dejarlo batido, mezclado, homogeneizado y pasteurizado. Añadió nuevos componentes: un poco de esto, una pizca de eso otro y lo agitó un poco más.
Tomó entonces el compactador y lo hizo funcionar sobre la masa, que comenzó a burbujear, hasta que todo quedó reducido a una esfera oscura. Sonrió satisfecho y le escupió al huevo primigenio, hubo un destello en la cubeta y todo volvió a empezar.


EL MENSAJE

La nave se situó en órbita alrededor de la Tierra.
—Oye Krank —dice un tripulante al otro—, no entiendo por qué nos enviaron en persona a entregar ese mensaje.
—Mira que eres cazurro Komorl —responde su compañero—. El mensaje es urgente. Por radio hubiese tardado cien años en llegar. Así que nos enviaron a nosotros a través del agujero negro.
—¿Y qué dice el mensaje? —preguntó Krank.
—No sé, Komorl, espera que abra el archivo... sí, aquí está: “Hermanos del cosmos, hemos captado vuestras señales. Nos ponemos en camino. Os llevamos el remedio para todas las enfermedades, el hambre, las guerras y los sufrimientos. Llegaremos poco después de que recibáis este mensaje.”
—Pues creo que hemos hecho el viaje en balde, Krank, según los sensores el planeta está deshabitado.
—¡Llegamos tarde! Joder tío, te dije que no debíamos de parar en aquel bar de putas...


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