10 de febrero de 2012

UN FINAL ES UN FINAL

UN FINAL ES UN FINAL
José Vicente Ortuño

Un chirrido de bisagras oxidadas precedió a una corriente de aire gélido. La vela que iluminaba el escritorio se apagó. El hombre dejó la pluma y fue a cerrar la ventana. El viento gélido lo azotó con el olor putrefacto del bosque. Cerró la ventana y observó la oscuridad a través de los cristales. Imaginó ser el protagonista de su novela y ver los ojos de la bestia mirándolo desde la tenebrosa negrura. Escuchó su respiración, un jadeo largo y ronco como el de un enorme fuelle. Incluso percibió su olor acre, mezcla de sudor animal, sangre de sus víctimas y carne descompuesta. Se estremeció. Aseguró las contraventanas y se giró. Allí estaba la bestia, con los ojos inyectados en sangre y las fauces babeando ante el festín que le esperaba. Es un buen final para mi novela, pensó el escritor.

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