15 de febrero de 2012

EL DONANTE

EL DONANTE
José Vicente Ortuño

—¡Su sangre es verde! —dijo la asombrada enfermera al donante de sangre.
—Claro, ¿cómo quiere que sea? —replicó éste.
—¡Pues roja, como la de todo el mundo! —exclamó molesta, pensando que le gastaba una broma.
—No todo el mundo —indicó el donante—, la nobleza la tiene azul...
—¡Eso es una bobada! —replicó la enfermera muy mosqueada—. Todo el mundo la tiene roja, incluso los nobles.
—Eso no es cierto, señora mía —dijo el donante—. Sólo la gente vulgar la tiene roja.
—¡Vale, admitamos que la gente corriente la tiene roja y la nobleza la tiene azul! Entonces, ¿por qué su sangre es verde? —inquirió la enfermera.
—Muy sencillo, porque yo no soy noble, ni gente vulgar y corriente.
—¿Qué es usted entonces, marciano? —preguntó la mujer en tono burlón.
—¿Marciano? —el hombre rió a carcajadas—. No, soy funcionario.

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