15 de octubre de 2011

IDILIOS Y DESVARÍOS

IDILIOS Y DESVARÍOS
José Vicente Ortuño

IDILIO 1

—Una mañana me desperté y maté un elefante en pijama. Me pregunto cómo pudo ponerse mi pijama —dijo Groucho Marx.
—¿Por qué no inició usted un devaneo amoroso con el paquidermo? —pregunté intrigada.
—Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros —respondió él.
—¡Insensible, podría haberle pedido matrimonio! —añadí furiosa.
—El matrimonio es una gran institución. Por supuesto, si te gusta vivir en una institución —sentenció Groucho.
—¡Usted es incapaz de sentir amor! —grité exasperada.
—Lo malo del amor es que muchos lo confunden con la gastritis y, cuando se han curado de la indisposición, se encuentran con que se han casado —apostilló él.
Impresionada, mantuve un largo y apasionado idilio con Groucho.


IDILIO 2

—Doctor Freud, una mañana me desperté y encontré un ornitorrinco en lugar de mi esposa.
—¿Y qué fue de su cónyuge? —preguntó el psiquiatra.
—La semana pasada se fugó con Groucho Marx —respondí hastiado.
—¿Qué hizo usted con el animal? —volvió a preguntar el doctor.
—Fue sencillo, le pregunté insinuante: “¿Qué hace un peluche como tú en una cama como esta?” Él no respondió, pero me miró con ojos tiernos. Desde entonces mantenemos un apasionado idilio.
—Existen dos maneras de ser feliz en esta vida —dijo el psiquiatra—, una es hacerse el idiota y la otra serlo.
—¿Sabe? Su forma de pensar me da asco —añadí y le vomité en las barbas.


IDILIO 3

Una mañana me desperté y encontré un futbolista famoso en lugar de mi esposa.
—¿Oiga, qué hace usted en mi cama? —le pregunté exasperado.
—No me hable así, que soy un “galáctico” —dijo el balompedista.
—¡Pues por mí como si le operan! —exclamé yo.
—No, gracias, ya me operaron —dijo dejando al descubierto sus nalgas, retocadas quirúrgicamente.
—¿Sabe? Su culo me da asco —añadí y le vomité en el trasero.


IDILIO 4

Una mañana me desperté y encontré a Vincent van Gogh en el lugar de mi esposa.
—¿Oiga, qué hace usted en mi cama? —le pregunté furioso.
—Me he escapado del sanatorio de Saint-Rémy-de-Provence —explicó él.
—¡Pues por mí como si le operan! —exclamé colérico.
—Ya me operé yo —dijo el pintor señalándose la no-oreja derecha.
—¿Sabe? El muñón de su oreja me da asco —añadí y le vomité a la cara.


IDILIO 5

Una mañana me desperté y encontré a Marilyn Monroe en el lugar de mi esposa.
—¿Qué hace una chica como tú en una cama como esta? —le pregunté excitado.
—El sexo forma parte de la naturaleza. Y yo me llevo de maravilla con la naturaleza —respondió ella.
—¡Tómame, soy todo tuyo! —exclamé mostrándole mi erecto miembro viril.
—¿Sabe? Su pene no sólo es una birria, sino que me da asco —añadió y me vomitó en la entrepierna.


IDILIO 6

Una mañana me desperté y encontré Fiódor Dostoyevski en el lugar de mi esposa.
—¿Qué hace aquí? —le pregunté—. ¿No es usted el vecino del subsuelo?
—Para la mujer, toda reforma, toda salvación de cualquier clase de ruina y toda renovación moral, está en el amor —dijo él rascándose el escroto.
—¿Y a mí qué coño me cuenta? ¡Y quítese mi pijama! —exclamé iracundo.
—El secreto de la existencia humana no sólo está en vivir, sino también en saber para qué se vive —añadió, no sé con qué intención.
—¿Sabe? Su filosofía me da asco —añadí y le vomité en los zapatos.


IDILIO 7

—Una mañana me desperté y encontré Gregorio Samsa en el lugar de mi esposa.
—¿Usted cómo reaccionó? —preguntó Sigmund Freud.
—Odio las cucarachas, así que me dio mucho asco y vomité sobre su exoesqueleto.
—¿Y él qué hizo? —preguntó el psiquiatra.
—Me miró lánguidamente y dijo: “Tiene usted la obligación de ser feliz o correr el riesgo de convertirse en un insecto.”
—Cualquiera que despierto se comportase como lo hiciera en sueños sería tomado por loco —añadió Freud.
—¿Y eso a qué viene? —le pregunté perplejo.
—A veces un puro es solamente un puro —respondió él.
—¿Sabe? No entiendo lo que dice y usted me da asco —añadí y vomité sobre su diván.


IDILIO 8

Una mañana me desperté y encontré a Franz Kafka en el lugar de mi esposa.
—¿Qué hace usted en mi cama? —pregunté crispado.
—Todo el conocimiento —respondió—, la totalidad de preguntas y respuestas se encuentran en el perro.
—¿Pero, de qué carajo me está hablando? —gruñí.
—El gesto de amargura del hombre es, con frecuencia, sólo el petrificado azoramiento de un niño —sentenció con calma.
—Estoy harto de despertarme cada día con un desconocido —dije realmente amargado.
—No desesperes, ni siquiera por el hecho de que no desesperas. Cuando todo parece terminado, surgen nuevas fuerzas. Esto significa que vives —añadió Kafka, condescendiente.
Cansado de su condescendencia y su olor corporal, lo rocié con insecticida.


IDILIO 9

Una mañana me desperté y encontré a Albert Einstein en el lugar de mi esposa.
—¿Qué hace en mi cama? —pregunté irritado.
—Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo —respondió.
—¿Qué quiere decir con eso?
—Cada día sabemos más y entendemos menos.
—¿Me toma el pelo?
—Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro —añadió.
—¿Qué insinúa?
—Al principio todos los pensamientos pertenecen al amor. Después, todo el amor pertenece a los pensamientos.
—¿Se me está insinuando?
—Vivimos en el mundo cuando amamos. Sólo una vida vivida para los demás merece la pena ser vivida —dijo.
Emocionado, le pedí que se casara conmigo.


IDILIO 10

Una mañana me desperté y encontré a Woody Allen debajo de mi cama.
—¿Qué hace ahí, acaso me está acosando? —pregunté irritado.
—Sólo existen dos cosas importantes en la vida. La primera es el sexo y la segunda no me acuerdo —dijo él, muy seguro de si mismo.
—Desde que mi mujer se fugó con Groucho Marx todo me sale mal —confesé.
—La única manera de ser feliz es que te guste sufrir.
—Pues no sé cómo, pero si tú lo dices.
—No sólo de pan vive el hombre. De vez en cuando, también necesita un trago —añadió dándome una palmadita en la espalda.
—En eso tienes razón —dije y nos fuimos de copas.

FIN

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