25 de marzo de 2011

KRONCH PENSÓ

KRONCH PENSÓ
José Vicente Ortuño

El cuerpo verde de Kronch, de una armonía geométrica incomparable, semejaba una enorme esmeralda que flotaba sobre el mar de amoníaco, brillando a la luz de las siete lunas. Pero no todo era como debía ser, porque Kronch estaba pensando, aunque sabía que era incorrecto hacerlo, ya que para su especie se trataba de un vicio execrable. Por eso, cuando las lunas llegaron al cenit, vibró arrepentido. Ochocientos años después pensó de nuevo durante breves instantes. Sabía que era una depravación volver a intentarlo, y decidió no repetirlo jamás. Pasaron los eones y las lunas perdieron su brillo. El cuerpo de Kronch se endureció y cristalizó pero, fiel a su palabra, no volvió a pensar.

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