31 de octubre de 2010

ESTORNUDO

ESTORNUDO
José Vicente Ortuño

Estornudó. Le dijeron que era imposible hacerlo con los ojos abiertos, pero lo hizo porque nunca se resistía ante una apuesta, por tonta que fuese.
Al principio no se dio cuenta de lo sucedido, luego, cuando vio que aunque levantase la cabeza seguía mirándose los pies, se palpó la cara. Un escalofrío le recorrió la espalda, seguido de sudor frío y nauseas. Los ojos, fuera de sus órbitas, le colgaban sobre el rostro. Trastabillando fue al cuarto de baño, pensaba colocárselos en su sitio con ayuda de un espejo, pero no pudo llegar. Al caminar los ojos, que se bamboleaban cada cual para un lado, le produjeron un mareo atroz, que le hizo perder el equilibrio y caer de bruces al suelo, donde los ojos se llenaron de pelusa.
Cuando lo hallaron había enloquecido y reía chupándose alternativamente uno y otro ojo con gran deleite.

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