18 de marzo de 2010

FALLAS Z

FALLAS Z
por
J.V. Lovecraft

(corresponsal en Valencia Z)

Los hechos aquí narrados sucedieron en una dimensión paralela, cualquier parecido con personajes, lugares o hechos reales es pura coincidencia.

17 de marzo de 2010. Valencia. Es la Semana de Fallas. Los festejos se pueden medir según la escala de Richter. Las verbenas repiten incansables los éxitos del último siglo, mientras los agentes secretos de la SGAE toman nota de los títulos para cobrar su impuesto revolucionario. Niños y mayores hacen estallar sin descanso petardos de todos los tamaños. El suelo tiembla. El aire huele a pólvora y a aceite rancio de freír buñuelos. Más de setecientos monumentos de cartón, madera y poliestireno expandido, se distribuyen por la ciudad y localidades limítrofes. Cada Falla tiene un monumento, una verbena, un chiringuito de freír buñuelos, cientos de falleras con sus trajes de colores llamativos y peinetas doradas, cientos de falleros, borrachos de alcohol y pólvora, miles de turistas despistados, incapaces de distinguir una mascletá de una orxata… Miles y miles de vecinos insomnes, hartos de escuchar siempre la misma música pachanguera, del continuo bombardeo de los petardos, del tufo a pólvora quemada y aceite refrito, del polvo que levanta tanta gente danzando, desfilando, arrastrando los pies por las calles llenas de basura. Vecinos trabajadores, que se tienen que levantar temprano para ir al trabajo, que no son falleros, que no tienen fiesta, que aguantan con estoicismo que les corten el acceso a sus casas dos semanas antes de las Fallas, con las gigantescas carpas, que luego albergarán verbenas, concursos, karaokes, follón tras follón que durante demasiadas noches les impedirá dormir. Pero al amanecer ellos salen, mientras los falleros, ahítos de fiesta, alcohol, chocolate, buñuelos y paella, duermen como osos hibernados. Se dirigen a sus lugares de trabajo, donde cumplen como pueden, porque se caen de sueño mientras maldicen las verbenas, las canciones horteras, el absurdo gusto musical y se preguntan por qué, en las verbenas, se incrementa el volumen y la violencia de las canciones a partir de las tres de la madrugada. Luego regresan a sus casas, deseando echar una siestecita que les permita aguantar hasta la noche… pero la música de la carpa continúa: pasodobles revenidos, rancheras insufribles y canciones del año en que el verano fue azul. Los agotados trabajadores, tumbados en sus sillones, tienen pesadillas. Sueñan que están desnudos en medio de la zona de fuegos de la plaza del Ayuntamiento, rodeados de toneladas de masclets, y que la alcaldesa grita con voz cazallera: “Senyor pirotécnic, pot començar la mascletà!” Se despiertan gritando, mientras en la calle suena “Paquito el chocolatero” y docenas de sádicos aprendices de pirómano prenden petardo tras petardo… ¡Los trabajadores ya no aguantarán más y maldicen en arameo, latín, sumerio y en otras lenguas que nadie había osado pronunciar desde que Nyarlathotep reptaba sobre Pangea! Y Hastur el Innombrable, Señor de los Espacios Interestelares, escucha el clamor de sus súbditos. Y ordena a Yog-Sothoth, el Guardián de la Puerta, que abra los Abismos sin Fondo. Y hecho esto, El Innombrable llama a Azathoth, Dagón y Cthulhu. Y estos escuchan la llamada y acuden. Y los tres son enviados a Valencia, donde se materializan en medio de un castillo de fuegos artificiales y, confundidos con un efecto pirotécnico, la muchedumbre les aplaude a rabiar. Finaliza el acto fallero y la multitud de espectadores grita aterrorizada ante las tres poderosas criaturas que, formando un círculo, recitan la letanía de Shub-Niggurath, la Consorte del Innombrable. Y se abren grietas hacia N'kai, la caverna bajo el Monte Voormidareth, y de ellas brotan efluvios pútridos que se esparcen por Valencia. Falleros, turistas, paletos, carteristas y chinos huyen despavoridos. Sólo los argentinos continúan impasibles sorbiendo mate...

18 de marzo de 2010. Amanece. El silencio en las calles es absoluto. El viento ha arrastrado la nauseabunda mezcla de olores y la ha sustituido por... olor a podrido. Trabajadores cansados se arrastran, con andar rígido, hacia su trabajo. Llega la hora de la despertá, como siempre inútil, porque los trabajadores hace horas que se marcharon. Los componentes de la comisión de la Falla ganadora del Primer Premio de la Sección Especial salen de sus guaridas y forman para el desfile matutino. La orquesta intenta tocar un pasodoble fallero, pero de los instrumentos salen los acordes del Thriller, de Michael Jackson. Los falleros se mueven al compás. Danzan como zombis. Entonces se dan cuenta: ¡todos son zombis! Uno intenta encender un petardo, pero es demasiado lento y le explota en la mano. Los dedos salen despedidos, trazan cinco parábolas en trayectoria balística y ruedan por el suelo. Un gato atrapa el índice y se lo lleva a su escondite. El fallero-zombi manco mira perplejo su muñón, no comprende lo que ha pasado. Pero lo importante es que la fiesta continúe. Los falleros-zombis desfilan al son de Thriller. Encabeza la formación el mismo Michael Jackson en forma ectoplásmica, lo cual no le impide contorsionarse igual que cuando estaba vivo. Las falleras-zombis, con un remedo macabro de su clásico balanceo de caderas, se tambalean portando ramos de flores mustias, que ofrendarán a la Virgen. Miles y miles de falleros y falleras zombis, por fin unidos bajo una misma música, se dirigen renqueando hacia la plaza de la Virgen. Uno tras otro entregan sus ramos a otros zombis que los colocan alrededor de la figura de cartón piedra de la Verge dels Desemparats. Sobre el Micalet los tres primigenios se miran con hostilidad, pues no se han puesto de acuerdo sobre la efigie de cuál de ellos había de sustituir a la Geperudeta.
Mediodía. La masquetá de la plaza del Ayuntamiento está preparada. La alcaldesa-zombi, acompañada del ectoplasma de Michael Jackson y algunos cadáveres políticos corruptos, da la señal y los pirotécnicos-zombis ponen en marcha la detonación consecutiva de cuatrocientos kilos de pólvora. La ciudad vibra con el fragor de setecientas mascletáes. Suena como un campo de batalla de titanes. Al final un hongo radiactivo cubre la plaza y doscientos mil zombis nativos, turistas, paletos y carteristas, aplauden hasta que se quedan sin manos.
Llega la noche. La Fallera Mayor-Zombie da la orden para que la Nit del Foc ilumine el cielo de Valencia. Cientos de miles de zombis babean encandilados por los fuegos de artificio. El remate final es una apoteosis de fuego y estruendo ensordecedor, que convierte los cerebros de los zombis-paletos en papilla. Incapaces de mantenerse en pie ruedan por el suelo, donde son devorados por los zombis-locales.

19 de marzo de 2010. Día del Padre Hastur (en eso los tres Primigenios han conseguido ponerse de acuerdo). Setecientas comisiones de zombis marchan al ritmo de Thriller. Por primera vez en la historia no hay rivalidades entre las comisiones. Los espías-zombis de la SGAE tiene poco trabajo, porque sólo suena una canción. Las comisiones falleras pasan el día guisando paellas y comiéndose a las comisiones vecinas. Para merendar chocolate y buñuelos para todos. Cuando se acaban los buñuelos se mojan en el chocolate trozos del perro de algún vecino. Por la noche arden las Fallas, primero las infantiles, más tarde las grandes, después la de la plaza del ayuntamiento y por último la de primer premio. Luego los zombis supervivientes, o supermurientes, regresan a sus guaridas, ahítos de fiesta. Los Tres Primigenios vuelven a los abismos, aunque quedan de acuerdo para regresar al año que viene.

22 de marzo de 2010. Amanece. Los trabajadores zombis renquean rumbo a sus lugares de trabajo…

2 comentarios:

JAVIER dijo...

hmmm... no sé si es escalofriante pensar en las falleras zombies... o es una imagen de la vida real (es que viendo la ofrenda de flores real, casi tengo esa imagen)
Por cierto, felicidades

Lino dijo...

Muy bueno, ja, ja.

En ocasiones me ha recordado a Robert Silberber, con las descripciones.

Saludos