28 de febrero de 2010

LA BOTIJIADA

LA BOTIJIADA
José Vicente Ortuño

Enciclopedia de Leyendas Legendarias
(© Editorial Digital y Tal, 2055)

La Botijiada es una narración de tipo legendario grabada en jeroglíficos-gestuales en la superficie de quinientos de botijos de arcilla, descubiertos en una cueva a mediados de 2035, que cuenta la historia del legendario rey P’pet “El Mataperros”, soberano de los Tomelokomo. Fueron estos un pueblo nómada del desierto de Ke’mal’royo en las tierras altas al oeste de las costas de M’haspayá. Carecían de escritura, aunque poseían un complejo sistema de comunicación basado en guiños y gestos. Este es el motivo por el que no haya quedado constancia de los hechos históricos anteriores. Fue a partir de la hazaña realizada por ese legendario personaje, que un arcaico historiador —y probablemente sus discípulos después de él—, dejó constancia escrita de la historia en lo que los arqueólogos bautizaron como “La Botijiada.

Botijo 1:

Hace muchas estaciones, cuando Q’eso [la Luna] todavía tenía cabello [sic], unas feroces bestias infernales llamadas P’rros acosaban a los Tomelokomo, cazándolos y devorándolos sin piedad. Hasta que un día P’pet, a la sazón pastor de cabras montaraces, viendo que todos los guerreros de la aldea habían muerto, decidió intervenir en defensa de las mujeres y niños supervivientes. Marchó [él sólo] con sus propias manos como arma y con su túnica de piel de cabra como [única] armadura, llegando a la guarida de P’rucho, rey de los p’rros, al que interpeló con voz [potente] lanzándole un desafío:
“Oh, monstruoso hijo de una perra, te reto en singular combate. Si me vences, podrás devorar al resto de mi tribu. Pero, si te derroto, dejaréis en paz a mi pueblo y os marcharéis lejos, para no volver jamás.”
El rey de los P’rros, un gigantesco monstruo de dos cabezas y siete colas [sic], se rió de él con rugidos que sonaron como el trueno e hicieron [temblar] la tierra. Luego levantó una pata trasera y orinó sobre P’pet a modo de burla.
El valiente pastor no se amedrentó, sino que se lanzó contra monstruo, le agarró un cuello con cada mano y se le [propinó] patadas en las gónadas hasta que la bestia cayó muerta. El resto de la [jauría], bestias carentes de honor, en lugar de huir tras la muerte de su rey, atacaron al valeroso cabrerizo.
La encarnizada batalla duró treinta y siete días y treinta y siete noches. Cuando L’renzo [el Sol] se elevó el trigésimo octavo día, miles de cadáveres de p’rro flotaban en un gran lago de sangre.
Regresó P’pet a la aldea y arrojó las cabezas del rey de los p’rros a los pies del jefe de la tribu, el chamán K’garrut. Éste, que había demostrado ser un cobarde de la pradera [sic], cayó [de rodillas] aterrorizado. Los Tomelokomo expulsaron al cobarde K’garrut y nombraron rey por aclamación al invencible cabrero, que sería conocido en adelante como P’pet el Mataperros.

La Botijiada continúa narrando posteriores hazañas del legendario Mataperros, pero eso se narra en otro botijo.

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