30 de enero de 2010

PEQUEÑOS HIJOS DE LOS DIOSES

PEQUEÑOS HIJOS DE LOS DIOSES
José Vicente Ortuño


Enciclopedia de Mitologías Apócrifas 
(© Editorial Satélite-Langostini, 2025)

Kul’tren’cat (pequeños hijos de los dioses), término por el que se autodenominan los pigmeos hermafroditas que habitaron en un remoto valle, perdido en la selva de Madagascar, llamado Rev-Hol-Khon (cama de los dioses). Poco se sabe de su cultura, pues se han hallado escasos restos arqueológicos. Sin embargo, a finales del siglo XX se encontraron inscripciones grabadas en una la roca, recientemente traducidas, donde se narra el origen de este pueblo peculiar:

“Había en aquel tiempo dos dioses hermanos, los hermafroditas La’Pili y La’Lola, que estando enamorados el uno del otro, jamás podían encontrarse, pues su labor era brillar como estrellas en lados opuestos del firmamento. Pero un día hicieron un alto en su recorrido por los cielos y bajaron a la Tierra, donde copularon con tanta pasión que aplastaron la montaña más alta del mundo, convirtiéndola en un valle con la forma de sus cuerpos.
Ensimismados en su incestuosa relación, no se apercibieron de que habían estropeado la obra del Innombrable, el Padre de todos los dioses, el que carece de nombre porque ninguna palabra es capaz de describir su inmensa divinidad. Éste, sin embargo, desde su palacio construido con retales de realidad y jirones de sueños, situado más allá del abismo insondable que envuelve el espacio y el tiempo, vio lo que sucedía.
El creador del universo poseía sabiduría y paciencia infinitas, sin embargo, al ver a dos de sus hijos, ebrios de lujuria incestuosa, destrozar una de sus obras —aunque ésta fuese insignificante—, le hizo montar en cólera. Así pues, se presentó ante ellos tomando la forma de un gigantesco volcán en erupción y les increpó, bramando y arrojando lava y rocas de tal manera que provocó tormentas y terremotos en todo el mundo.
—¡Qué habéis hecho, desdichados, infames hijos de Ph’Lana, la Divina Adúltera! —rugió atronador.
Los hermanos, sorprendidos en pleno éxtasis, se separaron bruscamente, no pudiendo evitar ambos eyacular y esparcir sus semillas por todo el valle que habían creado.
—¡Depravados, malditos seáis por siempre jamás! —tronó el Innombrable—. ¡Os condeno a permanecer separados, cada cual en un lado del universo, durante toda la eternidad!
Avergonzados, los incestuosos hermanos marcharon a su destierro, donde todavía permanecen cumpliendo su eterno castigo.
Miró entonces el Innombrable el valle mancillado y decidió purificarlo con el fuego de las entrañas de la tierra, aguas de los océanos y rayos de los cielos. Sin embargo, del esperma esparcido por el suelo comenzaba ya a brotar vida. Viendo la inocencia de esos desdichados seres, fruto de la depravación y el incesto, se apiadó de ellos.
—¡Vivan felices estas pequeñas criaturas pero, dado su origen maldito, háganlo en eterno aislamiento, invisibles al resto de los seres que habitan la Tierra!
Y diciendo esto tejió sobre el valle una esfera, utilizando hilos de ilusión y trozos de esperanza, donde los Kul’tren’cat quedaron recluidos para siempre, y donde nadie los podrá hallar jamás.”

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