20 de enero de 2010

LA FUERZA DE LA PALABRA ESCRITA


 LA FUERZA DE LA PALABRA ESCRITA
José Vicente Ortuño


Se dice que la pluma es más fuerte que la espada, aunque en el caso que voy a relatar el arma ha sido el teclado de mi ordenador. Sí, porque hay gente —no les llamaremos personas— que se comportan de forma digamos “poco civilizada” y hacen caso omiso cuando se les insinúa que lo que están haciendo está mal y, en el peor de los casos, se ofenden en lugar de pedir disculpas por su falta. Ante semejantes mostrencos no valen buenas palabras y razones, pues se creen en su derecho de hacer lo que les plazca, respondiendo incluso con violencia, ya que carecen de otro argumento. Quizás en otros tiempos el tema se hubiese zanjado con un duelo al amanecer, o una riña callejera a sopapo limpio. Sin embargo, yo prefiero utilizar las armas más sutiles.
Este es el caso verídico de mis guarros vecinos de la puerta 19ª y de su desagradable perro —uno de esos chuchos que parecen una fregona y que le ladran a todo el mundo—, que, causa de su falta de civismo —de los dos supuestos humanos, ya que del perro no se espera que se comporte como tal— me obligaron a denunciarlos ante la comunidad de vecinos mediante esta carta:

4 de enero de 2010
Señores vecinos:

Desde hace un tiempo se viene observando que unos vecinos suben a su perro a la azotea a hacer sus necesidades. Consultado el Administrador al respecto, ha confirmado que es totalmente ilegal (además, de una guarrada) hacer uso de los elementos comunes para dicha actividad. La azotea, al igual que las escaleras, los rellanos, el zaguán o el ascensor, son elementos comunes, que nos pertenecen a todos los propietarios y que todos debemos cuidar. Llevar al perro a hacer sus necesidades a la azotea es igual que si lo hiciera en el rellano de la escalera o en el ascensor.
Se ha observado que en la azotea el animal orina en las esquinas y salientes, ensuciando las paredes que, como todos sabemos porque lo vemos por las calles, se deterioran a causa de la acidez de la orina. El mismo efecto puede tener en la pintura del suelo en la que, además, se han observados arañazos, producidos por el intento del animal de enterrar sus heces.
Prueba de la mala fe de estos vecinos, que actúan de forma tan incívica, la tuvo el que suscribe cuando, recientemente, puso repelente para perros por toda la azotea y al día siguiente lo habían intentado lavar. Además de haber restregado la mierda del chucho por el suelo, dejando la mancha a propósito, con premeditación y plena conciencia de sus actos. Cabe añadir que estos vecinos han sido sorprendidos in fraganti y se les ha llamado la atención, pero han hecho caso omiso.
Creo que todos recordamos perfectamente la reciente reparación de la azotea, que nos costó un dineral, y que esperábamos no tener que repetir en muchos años. Esperamos que con la colaboración de todos evitemos que la azotea se convierta en un estercolero y una ruina.
Recordad que legalmente para lo único que se puede utilizar la azotea es para tender la ropa. Y que, de seguir con esa actitud tan sucia e incívica, nos veremos en la obligación de solicitar a la comunidad la prohibición de los perros en la misma.

Atentamente.


¿Y cuál fue el resultado?, os preguntaréis. Pues que, en lugar de pedir disculpas, han dejado de saludarnos, cosa que me tiene sin cuidado. Pero bueno, parece que la carta surtió efecto y ya no suben al perro a ensuciar la azotea. ¿Tiene fuerza la palabra escrita o no?

1 comentario:

Florieclipse dijo...

Tú eres de los míos, Vicente. Me alegra que se haya solucionado el asunto. Saludos.