18 de agosto de 2006

Ofelia, in memoriam

Ofelia era pequeña, peluda, suave; tan blanda por fuera, que se diría toda de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos eran duros cual dos pequeños escarabajos de cristal negro.
Se llamaba Ofelia, tenía seis meses de edad y era de color gris con unas bandas más oscuras en el cuello. Era un simple hámster, sin embargo, poseía su propia personalidad. Era un poco gruñona pero encantadora. Cuando me acercaba a su jaula me miraba con sus ojillos negros y movía su graciosa naricilla rosada haciendo oscilar sus bigotes, entonces, de alguna manera, me transmitía sus deseos: “Quiero galletas”, “Quiero salir a pasear en la bola” o “Sácame que quiero jugar”.
Durante sus escasos seis meses de vida nos alegró con su mal genio y sus travesuras, realizando a la perfección lo que mejor saben hacer esos adorables animalillos: acaparar comida, comer, dormir y jugar.
Hace unos días se puso enferma y empezó a consumirse. Adelgazó hasta perder su adorable apariencia de bolita de pelo y perdió las ganas de jugar. La llevamos a varios veterinarios que le pronosticaron un tumor canceroso que acabaría con ella en pocos días. Una intervención quirúrgica podría alargar su vida si el cáncer no estaba demasiado extendido. El pasado miércoles la llevamos al veterinario para que la operase, pero fue imposible extraerle el tumor, que ya afectaba a todo el sistema digestivo, y hubo que dormirla para siempre.
Ofelia, siempre te recordaremos.

1 comentario:

Sergio Gaut vel Hartman dijo...

José Vicente.

Siento mucho lo de Ofelia, en especial porque entiendo que eso te ha entristecido. Siempre he sido reacio a tener animalitos en casa porque sé que uno se encariña y la vida de ellos suele ser más breve que la propia. En fin, te acompaño en el recuerdo y espero que algún día le puedas dedicar un cuento en el que Ofelia sigue correteando y pidiéndote galletas o que la saques a jugar.

Un abrazote.
Sergio.