28 de agosto de 2006

Las Aventuras de Leonora


Hola, soy Leonora. Sí esa de la foto soy yo. No es que esté muy gorda, es que llevo en mis bolsas la comida para salir de excursión. Soy muy previsora y cuando me escapo de la jaula me llevo la provisión de comida, por si tardo en volver. Pero hoy no voy a terminar mi expedición escondida bajo el fregadero. Esta noche pienso hacer lo mismo que le he visto hacer al grandullón del pelo blanco y la barriga gorda, así que me he subido a su mesa y he encendido su ordenador. Acabo de leer su correo y he respondido suplantando su personalidad. ¡Ja, ja, ja, la cara que va a poner cuando vea la nueva premisa que he propuesto en su nombre en el Taller 7! Dice así:
“Escribir un relato de 500.000 palabras mínimo en el que el protagonista sea un protozoo homosexual con complejo de Electra. La acción transcurrirá en una mansión victoriana situada en el monte Olimpo de Marte en el siglo VII antes de Cristo. Uno de los personajes deberá ser un político incorruptible y deberá decir de forma justificada la palabra “austrohúngaro” al menos siete veces. La fecha tope para la entrega será el 9 de octubre de 1238.”
No está mal la broma ¿eh? Ahora voy a gastarle otra actualizando su blog. Estoy harta de leer sus comentarios literarios y las historias sobre cantamañanas. Lo que más me gusta es lo de las tertulias, pero más que nada porque se come muy bien, y si de algo entiende un hámster es de comida. Eso me recuerda que tengo que quejarme a Peloblanco de las puñeteras zanahorias. Él no lo sabe, pero son transgénicas y yo no estoy dispuesta comer porquerías que me puedan enfermar. Hablando de enfermedades… Tengo que reconocer que los grandotes se desvivieron con mi hija Ofelia cuando enfermó. Y la nota en su memoria que puso en el blog me hizo saltar las lágrimas. Son buena gente estos Grandotes, al menos los que no son cantamañanas ni lameculos, pero no distinguen una buena zanahoria de un engendro mutante clónico.
Los Grandotes son un poco… muy raros. Se pasan las noches durmiendo y durante el día no paran de molestar haciendo ruidos sin parar. Nos hablan, aunque creen que no les entendemos. Si al menos tuviesen una conversación interesante sobre física cuántica o la teoría de las supercuerdas… pero no, sólo dicen: “Hola bonita, ¿quieres salir de paseo?” y chorradas similares. ¡Pues claro que quiero ir de paseo, bobo! ¡Pero déjame a mano un buen libro y lárgate!
Otra costumbre que me sorprende son los nombres. ¿Por qué se empeñan en ponernos un nombre en lugar de preguntarnos el nuestro? Por ejemplo: Ahora mismo no saben qué nombre ponerle al pequeño macho que vino después de morir Ofelia. Un día le dicen Chiquitín, otro Pitusín, Quarky, Enano Cabrón, Rocco Kabroncete, Rocco el Pajillero, etc. ¿Es que no saben que se llama Ambrosio? Yo sólo tuve que preguntarle. Claro que me respondió con una proposición indecente que me sacó los colores. ¡Qué se habrá creído, el muy salido onanista, yo soy una señora! Pero, volviendo a los nombres, en mi caso prefiero que me llamen Leonora, mi madre me puso Gumersinda y todavía no se lo he perdonado.
Me estoy dando cuenta de que es difícil ponerse a escribir cosas. Peloblanco se tira muchas horas mirando la pantalla y hurgándose la nariz. Luego hace pelotillas de mocos y las lanza al techo. ¡Menuda estalactita mucosa ha construido! Pero mejor cuento algo más interesante, veréis, hace unos días Peloblanco me sacó de casa y, después de ir encerrados en una caja de metal que se movía y hacía unos ruidos muy raros, me llevó a ver al otro grandullón, el del pelo largo y negro, que no tiene barriga. Estaba en un sitio con mucha luz, donde había mucha gente que al verme preguntaban sin parar: “¿Es un hámster?” Me hubiese gustado poder responderles en su idioma: “¡Es que no ves que sí, idiota!” Además de raros, tontos. Menos mal que luego me llevaron de vuelta a casa en la jaula rugiente. No estuvo mal del todo el paseo, vi muchas luces de colores. Cuando están de color verde la jaula corría mucho. Cuando estaban rojas se paraba, y cuando estaban amarillas corría más. No entiendo lo que significan. Peloblanco mientras tanto giraba una rueda y maldecía en varios idiomas modernos y un par de lenguas muertas. Eso tampoco lo entiendo.
Lo más me gusta, además de escaparme por las noches, es cuando nos meten en las bolas de correr. Es muy divertido recorrer la casa chocando unos con otros y rebotando en las paredes. A los grandotes les encanta que los sigamos o que acudamos cuando nos llaman. ¡Son tan simples! A mi hijo Spoky y al Enano Salido les gusta mucho también pasear en las esferas, pero lo hacen para perseguirme a ver si me echan un polvo. Por eso chocan contra las paredes a toda velocidad para abrir la bola. De vez en cuando Spoky lo consigue, pero no lo dejan correr como a mí, aunque me ha contado que Peloblanco también lo llevó en la jaula rugiente por los sitios con luces. Pero como es un alocado no descubrió para qué servían. Si es que estos jóvenes piensan con las gónadas.
Bueno, mejor lo dejo ya, esto de escribir a dos patas es agotador. Además el Enano Pajillero me está tirando los tejos de nuevo y no deja que me concentre.
Hasta otro día, que seáis buenos, muchos besos.
Leonora.

5 comentarios:

R. Mármol dijo...

Pues la premisa con un par de cambios no estaría mal del todo. xD

Hay que ver, que tienes toda la troupe de Hamtaro y sus amigos en casa. :)

Jose Vicente dijo...

¡Vaya que sí! Y menuda faena dan. Pero son tan simpáticos...

Jorge dijo...

Querida Ofelia,
por tus bromas se nota que eres una dama de buen gusto, y tienes un estilo literario más depurado que el del peloblanco barrigón. Considérate invitada a las tertulias, te prepararemos un superbocata de pipas de girasol y zanahoria tradicional de huerta regada en aceite de oliva.

Jose Vicente dijo...

Hola Jorge.

Gracias por tu suculenta invitación, se nota que eres un autnetico caballero friki, aunque un poco despistado, porque mi nombre es Leonora, pero ya se sabe que lo que se dice de los científicos loc... digo de los sabios despistados.

Madame Leonora
Condesa de la Lechuga Fresca

David dijo...

Venga marciano vainómano degenerado, sal del cuerpo de esta ratóncita y vuelve al lugar que te corresponde, en el espacio profundo donde naciste. A ver si te crees que nos chupamos el dedo. ¡Abandona este cuerpo te digo, y deja de una vez a la pobre ratoncita!