21 de noviembre de 2015

LA TORTILLA DE LA QUINTA DIMENSION

En el número 160 de Axxón (http://axxon.com.ar/axxon.htm) ha salido esta semana una nueva recopilación, la número veintitrés, de Ficciones Breves: http://axxon.com.ar/rev/160/c-160cuento6.htm, está compuesta por once relatos:

LA VISTA FIJA de Alberto Chimal – México
PRIMER TORNEO INTERPLANETARIO DE PACMAN de Diego Cid – Argentina
ESCALERAS de Eduardo Abel Giménez – Argentina
THRILLER de Antonio Mora Vélez – Colombia
INSEGURIDAD de Claudio Biondino – Argentina
PARÁSITO de Javier Díaz Carballeira – España
SONRISAS DE COCODRILO de Pablo Contursi – Argentina
EL SEXO DE LOS ANGELES de Juan Pablo Noroña – Cuba
DIGAMOS ELE GE. DIGAMOS ERE ELE de Rogelio Ramos Signes – Argentina
LA TORTILLA de José Vicente Ortuño – España
SIMBIOSIS de José María Tamparillas - España

El décimo relato es mío, pero no lo digo sólo por darme importancia por haber escrito semejante tontería, lo comento porque ese relato tiene historia. Me gustaría decir que está basado en hechos reales, acaecidos hace al menos treinta y cinco años.
Debía de correr el año setenta y pocos. Yo estudiaba en verano las asignaturas que había suspendido en junio y después de asistir a clase por las mañanas volvía a casa, me preparaba un buen almuerzo y me iba a la piscina. Como la actividad deportiva desgastaba bastante, y mis pocos años lo permitían, me preparaba un enorme bocadillo relleno de cualquier cosa que encontrase en la despensa de mi madre. Lo más habitual era que me hiciese una tortilla con las sobras de la cena de la noche anterior. Recuerdo una memorable e inolvidable tortilla de sardinas fritas, se me hace la boca agua sólo de recordarlo. A aquella hora de la mañana mi madre no estaba en casa, creo que era cuando salía a hacer la compra, y la cocina era toda para mí. Así fue como un día en el que no encontré ningún ingrediente extra para mi tortilla, decidí experimentar con otros ingredientes que pudiese encontrar. No encontré gran cosa y por eso batí cuatro huevos y les añadí harina. En aquella época ignoraba los efectos de semejante mezcla y tranquilamente la eché en una sartén con el aceite caliente. Mi sorpresa fue mayúscula cuando vi que la masa crecía y crecía y crecía… Asustado por el desastre que se avecinaba en caso de que se saliese y desparramase por todas partes, comencé a pegarle con un cucharón a aquella cosa que amenazaba con salirse de la sartén. Apagué el fuego y retiré la sartén, pero aquella cosa tenía ya el tamaño de un balón de fútbol. ¿Qué hago con esto ahora?, me pregunté. De un momento a otro podía volver mi madre y echarme la bronca por ponerlo todo perdido y desperdiciar huevos y harina. Aunque lo que más temía era el ridículo que iba a hacer. Y ni corto ni perezoso decidí deshacerme del cuerpo del delito arrojándolo al inodoro. Pero fue un tremendo error. La masa, rebelde donde las haya, se negaba a entrar el la taza del váter, rebotando por la misma mientras yo le seguía sacudiendo con el cucharón. Al fin, tras destrozarla a golpes y utilizando varias descargas de la cisterna, conseguí librarme de la infernal tortilla. Sudoroso y cansado, canté victoria y tuve que hacerme otro almuerzo.
Entonces fue cuando se me ocurrió escribir la historia que titulé: La Tortilla de la Quinta Dimensión, y cuya versión actualizada podéis leer en Axxón.

Próximamente el comentario de "La pistola de rayos" de Philip K. Dick.



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