18 de diciembre de 2015

TERROR A LA PÁGINA EN ROJO

TERROR A LA PÁGINA EN ROJO
José Vicente Ortuño

Sintió vértigo ante el abismo cegador de la página en rojo, pero no porque fuese incapaz de llenarla con una buena historia. Al contrario, acababa de terminar su obra maestra, la mejor novela que había escrito en su vida, la que lo lanzaría definitivamente a la fama. No era terror a la página en blanco lo que sentía, sino agonía, porque alguien le había seccionado la yugular y la sangre le salía a borbotones, salpicándolo todo, empapando y emborronando los folios que contenían el culmen de su obra literaria.
Mientras moría pensó: “Es una lástima no poder disfrutar de la gloria de mi obra póstuma.”

11 de diciembre de 2015

TERROR A LA PÁGINA EN ROSA

TERROR A LA PÁGINA EN ROSA
José Vicente Ortuño

Sintió vértigo ante el abismo cegador de la página en rosa.
¿Quién le mandaba comprar ese puñetero papel tan cursi? Pero no podía culpar a nadie, había sido él mismo quien pensó que cambiar el color de sus folios podría inspirarle nuevas historias. Pero en la papelería sólo tenían papel rosa —seguro que porque nadie lo compraba—. Sin embargo, el cambio no le había servido de nada, porque el terror a la página en blanco se había convertido en la angustia a la página en rosa.

4 de diciembre de 2015

TERROR A LA PÁGINA EN BLANCO

TERROR A LA PÁGINA EN BLANCO
José Vicente Ortuño

Sintió vértigo ante el abismo cegador de la página en blanco, sobre la que revoloteaban esas extrañas formas que vemos cuando miramos al infinito sin enfocar la vista. ¿Qué serán esas cosas globulares o las vermiformes, o los puntos negros y los destellos? —se preguntó—. ¿Seres de una dimensión apenas entrevista? ¿Habitantes de un universo paralelo?
Sus dedos siguieron inmóviles sobre el teclado de su vieja máquina de escribir.
Súbitamente sintió que caía. Intentó agarrarse, pero sus manos sólo encontraron vacío. Durante un instante eterno giró y giró, para luego quedar suspendido en la nada. Una nada de un blanco deslumbrante. Pero mirando al infinito sin enfocar la vista, observó su propia imagen mirándolo; mirando fijamente la página en blanco.